Hace 15 años me hice vegetariana y empecé un camino que me ha llevado a donde estoy ahora. No sabía cocinar y tuve que aprender para cocinar sin carne ni pescado. En el Herbolario Navarro hacían unos cursos gratuitos de cocina macrobiótica y sin saber muy bien qué era eso empecé por ahí. Terminó gustándome mucho la cocina, el cortar, mezclar y cocinar alimentos, y el resultado que producía. Y decidí que quería ser cocinera y dedicarme profesionalmente a ello.

La realidad no era como yo la había imaginado y a pesar de que me sigue pareciendo una profesión muy bonita, con mucho significado, ya que estás elaborando una comida que vas a ofrecer para que la deguste otra persona. Es un servicio, es hospitalidad. Pero las condiciones laborales de la hostelería… ¿qué os voy a contar que no sepáis? No son dignas en la mayoría de los casos.
Así que los últimos 13 años he estado trabajando en hostelería y en algunos sitios he podido combinar mis dos pasiones trabajando como cocinera y profesora de yoga en retiros de yoga y meditación.
Este septiembre he empezado un nuevo ciclo en mi vida y he vuelto a la hostelería. En un puesto de trabajo que me parece muy motivador. Pero no quiero abandonar este proyecto y lo seguiré llevando adelante. Posiblemente no con la misma intensidad. Iré viendo si introduzco alguna modificación y si sigo con la misma frecuencia de publicación de antes de las vacaciones.
Me gusta cocinar y me gusta meditar, y como dice Jeon Kwan, tienen mucho que ver:
«Cocinar y meditar no es tan diferente. El equilibrio en la comida influye en nuestra mente. Conocer los productos con los que nos alimentamos es conocernos a nosotros mismos. Cuidarse uno mismo es cuidar el mundo. Lo que consumo se termina convirtiendo en mi rostro, mi forma y en mí misma»
¡Que pases una feliz semana!
Pilar