
Del 13 al 19 de noviembre se celebra la Semana de Concienciación sobre el Consumo de Azúcares, a fin de concienciar a las personas acerca de la cantidad de azúcar que se consume como parte de la dieta alimenticia diaria y como incide en nuestro estado de salud.
Tradicionalmente nos han dicho que el azúcar es un ingrediente que forma parte de la dieta alimenticia, siendo considerado como una importante fuente de energía. ¿Pero esto es verdad? ¿Necesitamos azúcar para obtener energía?
El azúcar NO es lo mismo que la glucosa. La glucosa SÍ que es necesaria para el funcionamiento del organismo. En el habla coloquial usamos la palabra azúcar como sinónimo de glucosa, pero no lo es.
El azúcar es el producto obtenido del jugo de la caña de azúcar o la remolacha. Hoy en día lo consumimos refinado. En este proceso de refinado se desecha toda la fibra, agua, vitaminas y minerales presentes en la planta original, quedando únicamente azúcar o sacarosa, que es un disacárido formado por la unión de 2 carbohidratos: 1 molécula de glucosa + 1 molécula de fructosa.
El azúcar refinado es sacarosa pura, un polvo blanco muy concentrado, de sabor intensamente dulce que estimula potentemente las papilas gustativas. Este estímulo activa en el cerebro centros nerviosos que incrementan la producción de dopamina y serotonina, que son hormonas del placer y el bienestar. Es a este placer o bienestar a lo que las personas se vuelven adictas.
Pero el azúcar refinado es la peor fuente de glucosa, da un subidón rápido y de corta duración que, rápidamente, se quema, dejando al cuerpo debilitado y con la necesidad de comer de nuevo.
Por el contrario, los cereales integrales, son la mejor fuente de glucosa para nuestro organismo, ya que se organizan en polisacáridos, que son cadenas de miles de moléculas de glucosa unidas entres sí por enlaces. Durante el proceso de la digestión estos enlaces se van rompiendo y las moléculas de glucosa van liberándose de forma gradual. Y así entra en la sangre lentamente proporcionando a las células combustible estable a lo largo de un montón de horas. Sin apenas desgaste ni trabajo extra de los órganos digestivos ni para los órganos reguladores de la glucosa, que son el páncreas y el hígado.
El azúcar refinado daña la salud porque al entrar en estado concentrado al tubo digestivo, éste rompe los enlaces rápidamente, liberándose en la sangre una gran cantidad de glucosa en muy poco tiempo.
La glucosa es una constante vital, un valor que debe permanecer estable, sin grandes subidas y bajadas. Por eso, el subidón de glucosa que genera tomar azúcar genera alteraciones metabólicas porque nuestro organismo tiene que trabajar en exceso para volver a tener un valor estable:
1º Obliga al páncreas a segregar grandes cantidades de insulina para intentar quemar toda la glucosa posible. Con el tiempo acaba produciéndose resistencia a la insulina, lo que provoca la diabetes tipo 2.
2º La glucosa sobrante va al hígado, que la transforma en grasa. Produciendo con el tiempo sobrepeso y obesidad.
3º Enseguida vuelves a tener hambre porque tu organismo se ha encargado de eliminar la glucosa sobrante. Entras en un círculo vicioso sin fin de Atracón-Bajón-Atracón.
4º Tus reservas de magnesio y vitaminas del grupo B bajan drásticamente. Al metabolizar la sacarosa hacen falta estos nutrientes, que estaba presentes en la planta original pero que han sido eliminados en el proceso de refinado, por lo que el cuerpo tiene que aportarlos de sus propias reservas.
Esto no pinta bien… ¿verdad? ¿Qué podemos hacer para dejar de tomar azúcares simples?
1. Proponte metas realistas. No reducir de golpe sino poco a poco. Se flexible. Habrá avances y retrocesos. Empieza dejando de añadir azúcar a las infusiones y al café. Lleva un tiempo desengancharse pero luego te darás cuenta de que cada cosa sabe a lo que tiene que saber. Reeduca tu paladar y comenzarás a apreciar los sabores naturales.
2. No tengas productos con azúcar en casa y sí otros de mejor calidad que te pueden resolver un antojo de dulce. Ten a mano endulzantes naturales: panela, melaza de arroz, zumo concentrado de manzana, sirope de arce o de agave, miel artesana, estevia e incluso mejor todavía fruta fresca, fruta seca, algarroba, regaliz, canela, etc…
3. Toma cereales integrales en grano de forma regular, lo que nos proporciona un nivel de glucosa en sangre estable, disminuyendo así en ansia voraz por la comida y en concreto por algo dulce.
4. Las verduras de raíz y redondas como la cebolla, zanahoria, calabaza, chirivía, boniato y coles, en cocciones largas se vuelven muy dulces y son fantásticos alimentos para mantener un buen nivel de glucosa en sangre.
5. Que haya un predominio de sabor dulce en tus comidas. Además de usar las verduras en cocciones largas también puedes añadir toques de dulce natural. Ej. Pasas, aliño agridulce, calabaza, boniato, maíz…
6. Haz ejercicio. Te ayuda a conectar con tu cuerpo y tu mente, refuerza tu voluntad y ayuda a superar las adicciones.
7. Practica yoga. El yoga Kundalini se centra en despertar y armonizar los centros de energía del cuerpo, también conocidos como chakras. Estos centros de energía están estrechamente vinculados a nuestros estados emocionales y ansia, incluyendo los de azúcar. Al practicar el yoga Kundalini regularmente, puede lograr un equilibrio en tus chakras, ayudando a frenar los antojo de azúcar.
8. Medita. Los antojos de azúcar a menudo provienen de desencadenantes emocionales como estrés, ansiedad o el estar aburrido. La meditación te ayuda a ser más consciente de estos disparadores, permitiéndote dirigirte a ellos de una manera saludable en lugar de recurrir a alimentos de confort azucarados.
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Que tengas una feliz semana.
Pilar